Historia de la gorra de ciclista

En algún momento de los últimos 20 años las gorras de ciclismo se han convertido en un artículo de moda. Al principio no era más que una símbolo anunciando ‘Soy un ciclista‘.
Ahora son una prenda muy extendidos, después de haberse puesto de moda en Londres hace unos años. Las gorras desgastadas de Kas son artículos muy comunes ahora en cafeterías, mercadillos o tiendas de moda.

Para los ciclistas sigue siendo una pieza esencial para la cabeza. Y es que las gorras ciclistas o casquettes son realmente prácticos. Su visera protege los ojos de un ciclista contra la lluvia, el sol y el viento, y mantienen el calor en las mañanas frías.Si le das la vuelta, la visera protege del sol el cuello, y mucho antes de que cualquier científico inventase el chaleco refrigerado, muchos ciclistas empapaban sus gorras en agua fría o las llenaban con cubitos de hielo.Si vamos mas lejos, un viejo truco es ponerte una hoja de col bajo una gorra, además de darte refrigeración adicional, de hace de protector solar.

Tradición histórica

Las gorras y el ciclismo tienen relacción desde un principio. El primer ciclista en ganar una carrera, James Moore en 1868, además de sus bombachos y una chaqueta se vestía con un sombrero de ala rígida muy elegante.Los ciclistas victorianos en sus Pennys y bicicletas de rueda grande en general usaban tocados con correas hasta barbilla, y cuando el Tour de Francia comenzó en 1903, los ciclistas corredores llevaban gorras de tela diseñadas al estilo Yorkshire, muy empleadas hoy en las Tweed Ride.

La visera ofrece protección contra el sol y la lluvia y desde un primer momento fue un complemento necesario. El ganador del Tour 1906 René Pottier se protegía la cabeza con un sombrero de ala ancha blanco, que no se ha vuelto a llevar.Las gorras de tela prevalecieron hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Después de la guerra, el pelotón se dividió entre fanáticos se quedaron con sus gorras de tela, mientras que los más jóvenes prefieren las viseras.

Fue la creciente sofisticación de los equipos profesionales durante la década de 1920 los que cambiaron el estilo de ciclismo. A medida que avanzaba la década, se hicieron cada vez más comunes las camisetas de equipo con los nombres de los patrocinadores. Fue entonces cuando nació la gorra (casquette) de algodón, a menudo en colores a juego con el kit de equipo.

En 1955, los nombres de los patrocinadores comenzaron a aparecer en las gorras y la gorra amarilla se impuso en el Tour de Francia.

Finalmente hubo gorras de aficionados, y su apogeo fue durante los años 1960 y ’70. Los fans de los mejores ciclistas podían comprar las gorras con los nombres de sus ídolos en ellos.
Eran encargados por clubes cislistas, o se podían comprar en las carreras a vendedores independientes.

A pesar de la omnipresencia de las gorras, la casquette sigue siendo un icono de estilo de ciclismo.

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